martes, 13 de enero de 2015

LOS LECTORES HABLAN DE CORAZONES EN BARBECHO


Acabo de leer este libro, escrito por mi amiga Cristina Monteoliva García...La divertida historia de Fulgencia y su búsqueda del amor...Historia que se lee sola, que te engancha desde el principio y que se hace corta...He de decir que me he quedado con ganas de más, así que ya sabes Cris...

Lorena Suárez (Jamilena, Jaén)




Fresca, ágil, divertida e inesperada. Gracias a la Señorita F, experimentas un sin fin de emociones que van desde la compasión, la comprensión, tristeza y de ahí a soltar una sonora carcajada con sus andanzas solo hay un paso. ¡¡¡Estoy deseosa de que Cristina nos regale la segunda parte!!!

Ana Ceballos (Albolote, Granada)



Pues acabo de pasar mis últimas 24 horas Conociendo a la señorita F,una Quijote del siglo XXI ,que ,ilusionada con la idea del amor que le dan los libros románticos ,saldrá de Pueblo para ir a Ciudad a buscar a un caballero de brillante armadura que le rescate de su agobiante vida al cuidado de sus ancianos familiares. Aunque esta aventura la pasará sola, la Señora Fulgencia tambien ten...
-Fulgencia:Disculpe,Señor lector!
Dime 
-Fulgencia:Señorita,soy señorita!
...Perdón, como decia, aunque esta aventura la pasará sola ,la Señorita Fulgencia tambien tendrá en Doris a su Sancho Panza particular,mucho más realista que ella, que intenta hacerle ver que esos gigantes que busca,no son más que molinos ,y que lo seres enormes solo existen en sus libros de c̶a̶b̶a̶l̶l̶e̶r̶i̶a̶ amor, pero nuestra Señorita F es muy perseverante y no cejará en sus aventuras de encontrar el amor de su vida en esa aventura de un día en Ciudad, donde se encontrará un lugar muy diferente a Pueblo, donde no todo es como ella espera.
Una hilarante, a la par que sencilla y sin pretensiones, historia con guiños de noticias muy actuales que se lee en un santiamen y te deja con ganas de más. La autora se acerca un poco más al lector contadole a el en primera persona ,lo ocurrido en el transcurso de lo que le ocurre a Fulgencia hasta transformarse en la Señorita F, en lo que no es una historia de amor ,si no una divertida y original novela corta ideal para leer en el autobús,el baño o para pasar las horas muertas de una forma amena y divertida, desconectarse un poco de un mundo real lleno de problemas para conocer a nuestra díscola,amable,solidaria,extraña... Señora F
-Fulgencia:He dicho que soy una señorita,SEÑORITAAA!!!!!Te voy a dar una somanta de collejas que vas a acabar "baldao",somemo!!!
Ays,vale!Perdona Fulgen!
Dix Juan Antonio (Valencia)




Hoy me llegó la novela corta (96 páginas) “Corazones en Barbecho” de la amiga Cristina Monteoliva García. Normalmente, como buen maniático que soy, voy leyendo los libros en el orden que los adquiero. Hago lo mismo con las películas, etc....si , que pasa , soy muy maniático. Pero tenía una corazonada barbechera y me dije vamos a ello.
No pretendía leerme la novela en un solo día, pero la verdad que me enganchó desde las primeras páginas por divertida, amena y lo fácil de su lectura. Por esos títulos de “novelas” y esos nombres de marcas o empresas con tanta chispa.
Y no es peloteo porque conozca a Cristina gracias al Facebook, es que realmente me ha gustado y la he leído de principio a fin. De una tirada.
Manuel González (Seña, Cantabria)



Sinopsis de Corazones en Barbecho:

La Señorita F tiene casi cuarenta años, tres ancianos parientes a su cargo, trescientas cincuenta y cuatro novelas románticas y una vida aburrida. Muy aburrida.
Cansada de su monótono día a día, la señorita F se pone un día su mejor traje, unos imponentes tacones y se marcha a Ciudad en busca del hombre que ha de cambiar su existencia. Lo que no sabe nuestra querida, y un tanto ingenua dama, es que eso de encontrar el amor no le va a resultar tan fácil como ha deducido de la lectura de sus novelas. Muchos serán los más que disparatados reveses que el destino le depara, muchas las enseñanzas que Ciudad pretende ofrecerle del mundo real. Y, aun así, ¿estará dispuesta nuestra valiente señorita F a darse por vencida en algún momento de su curiosa excursión? Descúbrelo leyendo Corazones en barbecho, una novela sobre la búsqueda (desesperada) del amor, la amistad y los problemas sociales que nos rodean hoy en día, siempre desde un punto de vista divertido y esperanzador. 

Comienza a leer Corazones en Barbecho en el siguiente enlace: http://conociendoamissf.blogspot.com.es/2015/01/primeras-paginas-gratis-comienza-leer.html


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jueves, 1 de enero de 2015

Primeras páginas gratis ¡COMIENZA A LEER AHORA CORAZONES EN BARBECHO!

1

–Despierta, Fulgencia, ¡mira qué paisaje tan bonito se ve por mi ventanilla! ¡Cuánto verde, cuánta vida! Así da gusto madrugar para coger el autobús.
Fulgencia recibe con desagrado las palabras de Doris; aunque no tanto como el codazo en las costillas con el que su amiga las acompaña. La muy bruta le ha dado tan fuerte, que es muy probable que le salga un cardenal. Uno grande y redondo. Morado, muy morado. Casi negro. Tan negro como descubrió un día nuestra dama que sería su futuro si no decidía hacer algo al respecto.
Todo empezó un lunes cualquiera. Como todos los días de aquel octubre, la mañana despertó soleada y cálida. Las gallinas, normalmente revoltosas, dormitaban dentro de su caseta en el jardín. La vaca pastaba tranquila en el prado, detrás de la casa. Los abuelos veían la tele en silencio, y el tío Rogelio, el más inquieto de la familia, había conseguido no liarla en el huerto por una vez en su vida.
El que parecía que iba a ser un día agradable de principio a fin, sin embargo, empezó a torcerse hacia el mediodía, cuando grandes nubes de tormenta se fueron cerniendo sobre Pueblo. Fulgencia vio las primeras gotas, grandes como pelotas de tenis, caer sobre el jardín mientras fregaba los platos del almuerzo. Minutos más tarde, una brisa helada se coló por la ventana, lo que provocó que nuestra dama se dispusiera a cerrarla, los ojos fijos en aquel cielo negro que no dejaba de escupir molestos perdigones de agua mezclados con barro.
Fue precisamente entonces cuando Fulgencia se dio cuenta de que a su vida le había pasado exactamente lo mismo que a ese día en principio tan bonito. Así, tras una infancia alegre y una juventud prometedora, nuestra desdichada doncella había tenido que conformarse con una existencia cada vez más gris a causa de la repentina muerte de sus padres y la consecuente obligación adquirida de hacerse cargo tanto de los abuelos, como del tío abuelo Rogelio. Los cuarenta estaban a la vuelta de la esquina, a menos de un mes de distancia, y si no le ponía remedio, acabaría pasándolos sin pena ni gloria, como los últimos veinte. ¿De verdad estaba dispuesta a llevar el mismo tipo de vida hasta el fin de sus días? ¿No había sido ya suficiente? ¿Acaso no se merecía ella algo mejor?
Sí, había llegado el momento de hacer algo al respecto, se dijo con decisión aquel lunes mientras echaba la persiana para que los cristales dejaran de mancharse de aquel agua barrosa. ¡Tenía que ir a Ciudad en busca del hombre de su vida!
***
–Venga, mujer, despierta de una vez –insiste Doris, esta vez sin codazo–. Te estás perdiendo una maravilla de la naturaleza.
Fulgencia abre los ojos y mira a Doris, quien a su vez mira por la ventanilla del autobús con cara de boba. Cuando su amiga se obceca con esas cosas que tanto le gustan, no atiende a razones. Ni siquiera escucha. Si lo hiciera, Fulgencia le diría que antes de que le propinara el codazo no estaba dormida, que solo mantenía los ojos cerrados mientras imaginaba cómo sería estar entre los magníficos brazos de Mario Cool, el protagonista de la novela recientemente llevada a la gran pantalla Treinta días de niebla. La interrupción de su ensoñación por parte de Doris le ha resultado tan molesta, seguiría diciéndole, que de buena gana le soltaría una colleja en el cogote. De hecho, si no se la ha propinado todavía es porque ambas están en el autobús, rodeadas de gente. Y entre toda esa gente podría estar el amor de su vida. Fulgencia no querría por nada en el mundo que ese hombre que habría de convertirse en su esposo la tomara por una mujer violenta. Eso podría hacer que él dejara de interesarse en ella. Y entonces…
–Fulgencia, ¿qué te pasa? ¿Por qué me miras con esa cara enfurruñada? ¿Es que aún estás dormida? ¡Mira qué árboles tan bonitos!
¿Cómo es posible que la rubia de bote disfrute tanto con los detalles más estúpidos del mundo?, se pregunta nuestra dama antes de suspirar con resignación, echarse un poco hacia adelante y mirar por la ventanilla.
Árboles. Un montón de árboles colocados en fila. Con sus hojas, sus ramas y sus troncos. Altos, delgados, como largos fideos escuchimizados y apiñados. ¿De verdad quería que mirara eso? ¡Eso! A estas alturas de su amistad, Doris debería saber que a Fulgencia solo le interesarían esos malditos árboles si entre ellos hubiera algún fornido leñador de mirada profunda y sensual camisa de cuadros dispuesto a abrazar tierna pero apasionadamente a nuestra dama para, más tarde, llevarla amablemente a su cabaña, lugar en el que se besarían hasta que se ocultara el sol, tal como pasaba en novelas como Talando nuestro amor, Tú quieres leña y El reino del leñador.  Mientras eso no ocurra, para Fulgencia, ¡como si arde todo el monte!
–Los chopos son unos árboles muy útiles –dice Doris, ignorando por completo el ceño cada vez más fruncido de su amiga–. Además de para obtener madera, se plantan para filtrar aguas residuales de pequeños municipios; sujetar bien los suelos cercanos a los ríos y hasta para evitar que los incendios forestales se propaguen virulentamente. Como otras tantas especies…
–Muy bien, Doris, ya los he visto –la corta tajantemente–. Ahora me gustaría dormir un poco antes de que lleguemos a Ciudad.
–Ciudad, sí. Espero que no haya mucha gente cuando lleguemos. Odio las aglomeraciones. Además, tengo muchas cosas que hacer esta mañana. Primero voy a ir a la consulta del oculista en Hospital General a ver si me pueden operar ya la catarata del ojo izquierdo; luego tengo que subir a planta quinta del mismo hospital a ver a mi prima, que la operaron el otro día de la vesícula; más tarde he de ir a comprar unas cositas a un herbolario del centro; y si puedo, me pasaré por la tienda de dulces que hay en la Plaza de las Trinitarias para comprarle a Aurelio unos sopletes blancuzcos.
>> Si no me da tiempo de coger el autobús de las doce, llamaré a Aurelio y le diré que se recaliente en el microondas las sopas de ayer y que coma algo más, qué se yo. ¡Mira, que se las apañe solo por una vez! No voy a estar siempre yo para todo, ¿verdad?
>> ¿Y tú? ¿Qué decías que tenías que hacer en Ciudad?
–No te lo he dicho. Son asuntos privados –murmura.
–¡Uy, cuánto misterio! ¿Vas a comprarle una faja nueva a tu abuela por su cumpleaños? ¿O es que tienes que ir al ginecólogo?
–Métete en tus asuntos, Doris –dice a la par que le dedica una mirada que pretende que sea disuasoria. Cada minuto que pasa, tiene más ganas de soltarle la colleja a la chismosa de Doris.
–Uy, qué humor gastas hoy. Sí, seguro que vas al ginecólogo. Pero, mujer, que para ir al médico de los bajos no tiene una que ponerse tan guapa, ¡qué parece que vas de boda! Por cierto, ¿cómo se llama ese color? El de tu traje, digo.
–Azul eléctrico.
–Será por el calambrazo que te da en los ojos cuando lo miras, ¿no? ¡Ja, ja, ja!
–Eres muy graciosa, Doris –dice Fulgencia con el ceño tan fruncido, que probablemente le quede una arruga permanente.
–La blusa te está un poco estrecha –continúa Doris sin ningún miramiento–, ¿has engordado? Sí, seguro que sí. ¿Cuánto pesas ya? ¿Ochenta y cinco, noventa kilos? Mira que eres muy joven, y los kilos son muy malos.
>> Pero, bueno, mírame a mí. También me sobran unos kilitos, para qué negarlo. Dentro de poco tendré que tirar estos vaqueros y coger los de mi Aurelio, ¡ja, ja, ja!
>> Por cierto, Fulgencia, ¿no crees que la autoestima y el sobrepeso guardan  una relación inversamente proporcional?
–No sé qué demonios dices –contesta nuestra dama, los dientes apretados, las manos crispadas como dos garras felinas. Doris se está ganando la colleja a pulso.
–Pues que cuanto menos nos queremos a nosotras mismas, más gordas nos ponemos, ¡ja, ja, ja!
>> Y volviendo a cómo vas hoy, ¿y ese color de pelo? ¿No crees que ese tono de rojo es demasiado chillón? Ay, con las canas tan bonitas que tenías… Al menos, podrías haberte teñido de rubio, como yo. El rubio platino es mucho más elegante, desde luego.
>> Y ya puestos, te podías haber pintado un poco, ¿no? Al menos los labios, mujer. A nuestra edad, el maquillaje ayuda mucho. ¡Mucho!
–Métete en tus asuntos, Doris –masculla entre dientes a la par que su rostro adquiere un tono rojo furia muy a juego con su nuevo color de pelo. Si no viene alguien pronto a sujetarla, me temo, queridos lectores, Fulgencia acabará saltando sobre Doris.
–Mujer, pero si yo solo me preocupo por ti. Yo solo…
–¡Cállate de una vez! –grita desesperada. Tras un minuto de silencio, en el que nuestra delicada doncella intenta calmarse un poco, sigue diciendo–: Me tienes harta con esa palabrería que gastas, Doris. Siempre te las estás dando de lista, fijándote en todos esos detalles estúpidos, como los malditos árboles o las relaciones invertidas esas. Pero entérate de una cosa: por más vueltas que le des, no pienso decirte a qué voy a Ciudad.
–Uy, vale, vale. ¡Pero qué humor! Ya no te molesto más –contesta con los ojos muy abiertos y las manos en alto, a modo de rendición.
Fulgencia se acomoda en su asiento, cierra los ojos y vuelve la cara hacia el lado del pasillo. Si Doris vuelve a pronunciar palabra en lo que queda de viaje, no le quedará más remedio que abrir la puerta trasera del autobús y arrojarla sobre sus queridos árboles. Menos mal que ya falta poco para que lleguen a Ciudad. Allí se separarán por fin, al menos por unas horas. Aunque si los todo sale como Fulgencia espera, podría alejarse de Doris para siempre, ¡para siempre!
© Cristina Monteoliva
TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS


¿Tirará Fulgencia a Doris por la ventanilla antes de llegar a su destino? ¿Quieres saber qué pasa cuando la señorita F llega a Ciudad? ¿Conseguirá nuestra heroína huir de un destino gris? Descubre la respuesta a esta y a otras muchas preguntas en Corazones en barbecho, una novela sobre la búsqueda desesperada del amor, cargada de humor, locas aventuras urbanas, mucha ilusión y las geniales ilustraciones de Aniel Domini. ¡Y DESDE TAN SOLO 1 €!





domingo, 28 de diciembre de 2014

La ratoncita de campo se va a conocer a los ratones de Ciudad

¡Hola, amigos! Me llamo Doris y soy, muy a su pesar, una de las mejores amigas de la señorita F. Digo que muy a su pesar porque F y yo somos muy distintas. Por ejemplo, mientras que ella se fija solo en los hombres, yo miro por otras cosas, como el medio ambiente. Cosas que a ella la desesperan y llama “detalles estúpidos”. Pero no hablemos de mí, al menos no hoy. Hablemos de F y sus cosas, que es lo que os interesa, ¿verdad?
         Bien, todo comienza en este libro con la señorita F cogiendo un autobús de camino a Ciudad, en busca del hombre de su vida. Ella cree que el hombre que la salve de su vida gris vive allí, y que no le será fácil encontrarlo. ¿Suena divertido? ¿Un poco absurdo? Quizá no tanto cuando te das cuenta de que en realidad a la señorita F le pasa lo mismo que a todos nosotros: que creemos que lo que no tenemos es mejor de lo que tenemos. Así, las de pelo rizado desearían tener el pelo liso; mientras las que tienen el pelo liso, quisieran tenerlo rizado. Las rellenitas envidian a las flacas, y viceversa. Y, claro, la señorita F cree que en Ciudad será más fácil encontrar un hombre que en Pueblo, ¡como si los hombres que ella añora crecieran en las calles como champiñones!


En Pueblo hay muchos chirimoyos. Hasta la fecha, la señorita F no ha encontrado ni un solo chico guapo recogiendo los frutos de estos árboles.

         Pero, ¿por qué piensa esto la señorita F? Bueno, digamos que ha leído mucho sobre el tema. Mucha novela romántica ambientada en la urbe, más concretamente. Novelas donde parecía fácil propiciar un encuentro entre dama más o menos en apuros y el caballero arrogante pero atractivo. Pero esas novelas no explicaban que la urbe puede ser complicada para las chicas de campo, tal vez demasiado, ¡una verdadera jungla! 
Y lo peor de todo: ¡la señorita F quiere encontrar a ese hombre en un solo día! Ay, Señor, ¡qué mujer!
         Y hasta aquí puedo contar. Ahora os dejo con el book-trailer oficial, que ha quedado bien divertido:

         ¿A que te ha encantado? ¿Y a qué esperas para conseguir el libro con las aventuras de la señorita F en Ciudad? ¡DESDE TAN SOLO 1 €!

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martes, 23 de diciembre de 2014

La señorita F: LOS INICIOS

Todo comienza con una mujer que viaje de su localidad en el campo a la capital de su provincia con la idea de encontrar allí, a lo largo de un solo día, al hombre de su vida.
No, esperad, ese no es el verdadero comienzo. ¡Rebobinemos!
El inicio de todo este proyecto nace con la idea de escribir sobre una mujer que lleva su fanatismo por las historias románticas al límite, al menos por un día, y las situaciones tan disparatadas que podría vivir en su empeño por conseguir un hombre como los de sus novelas favoritas. La mujer tendría motivos de peso para hacerlo, y las armas suficientes como para llevar su plan a cabo. O, al menos, para intentarlo.  
Lo que comenzó como un relato simplemente cómico de unas cuantas páginas fue convirtiéndose poco a poco en algo mucho más largo. Las situaciones se fueron complicando; los personajes, fueron pareciendo cada vez más reales. El proyecto fue creciendo, en definitiva, no solo en páginas, sino también en complejidad, hasta el punto de convertirse en una novela corta que mezcla humor, romanticismo y actualidad. Este proyecto se llama Corazones en Barbecho, y con un poco de suerte, se convertirá en el preludio de una saga a través de la cual podréis conocer a la señorita F en todo su esplendor. 

¡YA A LA VENTA!
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O en ebook: 

Como ya he dicho en otra parte de este blog, en este espacio voy a daros a conocer no solo a la señorita F y su universo, sino también a otros personajes. A veces escribiré yo, la autora; otras tantas, los personajes tomarán la palabra para que veáis cómo son. Eso quiere decir que los siguientes post no van a ser tan aburridos como este, así que, ¡todos atentos a vuestras pantallas!

 La señorita F sueña con grandes lujos para su boda

¡SE ME OLVIDABA! 
¡La señorita F también tiene página de Facebook! Apúntate ya y no te pierdas la selección musical que iremos publicando en ella: 



domingo, 21 de diciembre de 2014

¡Bienvenidos al mundo de la señorita F!

La señorita F tenía una vida demasiado gris, por eso un día se puso su mejor vestido, se subió sobre unos impresionantes tacones y se marchó decidida a encontrar al amor de su vida a Ciudad.
Así es cómo comienzan las aventuras de la señorita F en su novela Corazones en Barbecho y así es como, tanto ella como el resto de personajes y la autora del libro, hemos querido comenzar la andadura de este blog que esperemos que se convierta en un lugar de referencia para todos los que queráis pasar un buen rato cada día, conozcáis o no a la señorita F. 
No voy a mentiros: yo, la autora, tengo intención de publicar un post diario; pero en la práctica no creo que eso sea posible. Voy a publicar, eso sí, artículos variados que giren entorno de la señorita F, cosas que os hagan conocerla, pero sin lanzar spoilers sobre el libro. 
Si alguno de vosotros tiene alguna sugerencia, tema que quiere que se trate, lo que sea, podéis escribirme a crismonteoliva@hotmail.com
Corazones en Barbecho se ha puesto hoy a la venta, y como de conocer a la señorita F se trata, ¡os recomiendo que os hagáis estas Navidades con un ejemplar! 

Puede ser en papel: 

O en ebook: 

¡SE ME OLVIDABA! 
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Corazones en Barbecho es una novela escrita por Cristina Monteoliva e ilustrada por Aniel Dominic. Las autoridades sanitarias de Pueblo aconsejan consumirla de forma moderada, puesto que puede ser tremendamente adictiva.